El sur de la provincia de Santa Fe será sede de un gran festejo: el Instituto El Cimarrón celebrará los cincuenta años de su creación con un festival que cuenta con el apoyo del Gobierno provincial y se extenderá durante tres días en tres localidades, Wheelwright, Hughes y Labordeboy. La magnitud del encuentro, que reunirá a más de 70 academias de danzas folklóricas y a destacados artistas nacionales, rinde homenaje a la trascendencia de la academia creada en 1976 por Omar Fiordelmondo, maestro formador y docente responsable de darle forma a un método de enseñanza que hoy se replica en más de 200 filiales en once provincias argentinas.
Con el objetivo de visibilizar parte del impacto cultural de El Cimarrón, y sumando el apoyo del Gobierno provincial, Fiordelmondo comenzó a diagramar los festejos con una premisa: darle lugar a la mayor cantidad de escuelas posibles, generando encuentros populares con entradas accesibles (a un valor de diez mil pesos). Y apuntando, además, a reunir a tres localidades emblemáticas para la historia del Instituto. De esa manera, el viernes 17 de abril (a las 20) los festejos comenzarán en la plaza de Wheelwright, con la participación de 25 escuelas de danza y un cierre musical a cargo de Nati Pastorutti. El sábado 18, a las 19, las actividades se trasladarán a Hughes (en la cancha de fútbol de la escuela primaria), con otras 25 instituciones de formación y show a cargo de La Callejera. Para completar el festival aniversario, el domingo 19 Labordeboy concentrará los festejos: allí donde se fundó El Cimarrón las actividades comenzarán a las 10, en la plaza, con el acto inaugural junto a autoridades locales y provinciales, continuarán con un desfile multitudinario con más de mil estudiantes bailando por las calles del pueblo y, desde el mediodía, con espectáculos de 50 escuelas de danza, en dos escenarios. El gran cierre musical estará a cargo de Sergio Galleguillo, en una jornada que incluirá sorpresas varias.
Un sueño con medio siglo de historia
Nacido en Labordeboy, siendo todavía un niño Omar Fiordelmondo comenzó a estudiar danza folklórica en Pergamino, localidad a la que viajaba en tren. Más tarde llegarían las clases en la Escuela de Danzas La Huella, de la localidad bonaerense de Colón. Ya formado, recibió de su docente una propuesta: hacerse cargo de las clases en Labordeboy, en lo que sería el puntapié inicial para la creación del Instituto El Cimarrón.
Un nombre que nació a partir de un sueño: «Cuando era chico, en ese momento estaba Santiago Ayala, que era ‘El Chúcaro’, y además yo estaba muy interesado en bailar en el Ballet Brandsen (donde finalmente bailé durante cuatro años, haciendo la apertura oficial del Festival de Cosquín) de Oscar Murillo, que era ‘El Montaraz’. Así que de pibe tenía unos sueños tremendos, y pensé en El Cimarrón, por un lado por el caballo, y por el otro porque tenía que ver con un concepto similar al de esos dos maestros».

Con fecha fundacional el 17 de abril de 1976, en tiempos difíciles de la Argentina, Fiordelmondo comenzó a construir un método de enseñanza que pronto se replicó por localidades cercanas, mientras la compañía de danzas comenzaba a recorrer escenarios nacionales e internacionales, con hitos como la audiencia que sostuvieron en Roma con el Papa Juan Pablo II, la convocatoria a participar de los festejos por los 50 años de Unesco y participación en eventos como el Festival Mundial de Culturas en Canadá o la Folkloriada Mundial de Hungría.
Sin embargo, el gran impacto de El Cimarrón está dado por su condición de formador de formadores, con más de 170 docentes en 200 escuelas distribuidas por once provincias, que siguen su línea de enseñanza en torno a las danzas folklóricas argentinas. «Cincuenta años atrás era inimaginable pensar en lo que iba a ocurrir. Hay cosas muy importantes que nos han pasado», distingue Fiordelmondo, que en 2011 asumió, concurso mediante, la dirección del Ballet Folklórico Nacional, y que en 2016 presentó el «Manual de Danzas Argentinas», que lleva ya ocho ediciones y 35 mil ejemplares vendidos, y al que sucedieron un segundo volumen («Manuel de Danzas Argentinas II») y uno enfocado en bailes contemporáneos («Bailes del Siglo XX y XXI»), todos publicados por Editorial Dunken.
La labor documental y formativa de Fiordelmondo resulta, en ese sentido, sustancial. «Para los profesores faltaba la explicación sobre cosas que toda la vida se han preguntado: ¿por qué tienen esos nombres el gato o la chacarera?, ¿por qué la zamba se baila de esa manera?, ¿cuál es la la historia de cada una de las danzas?, ¿de dónde provienen? A todos los por qué que me han preguntado a lo largo de mi carrera los volqué en los libros. En los dos manuales están todas las danzas tradicionales, no quedó ninguna sin escribir. Desde las danzas de paisano hasta las danzas de salón, las danzas señoriales del 1800 y 1900. Y después en ‘Bailes del Siglo XX y XXI’ están los que llegan hasta nuestros días, el cuarteto, la cumbia, todo lo que tiene que ver con las danzas que entraron en las provincias limítrofes, como el corrido o la guaracha. De hecho en Catamarca o Tucumán vas a un cumpleaños y están bailando guaracha, pero alguien que no es del lugar no sabe qué es ese ritmo que están bailando. Entonces si alguien no lo documenta, si no lo escribe, se pierde. Por eso a mí, que me gusta, lo hago».

– Has destacado la forma de trabajo del Instituto, que es reconocida y distinguida. ¿Cuál es esa forma de trabajo? ¿Qué destaca esa metodología?
– Cuando uno termina una carrera en una escuela particular y quiere dar clases, no hay nadie que te diga la forma. De hecho siempre se dijo «cada maestrito con su librito». En los libros explico desde dónde empezar, cómo empezar con el paso de danza, qué música utilizar para que los chicos puedan tener buen ritmo, qué danzas son las primeras. Es como un niño: empieza a gatear, después a caminar y después a correr. La gran dificultad que todavía hay en muchas provincias es que los chiquitos tienen un mes de clase y ya los ponen a hacer danzas estilizadas, que lo único que logran es hacerles hacer el ridículo a los chiquitos, cansarlos. Pero no hacen el paso de danza, ni siquiera tienen buena postura de brazos. Nosotros enseñamos a aprender a gatear, a caminar y después a correr. De hecho los cuadros estilizados que se hacen hoy han ganado los festivales más importantes del país y nuestras escuelas de danza son las mejores del país. No tengo duda de eso: lo ves en los escenarios, donde se ve que todo el mundo baila, tiene buen ritmo, buena postura de brazos.
– En El Cimarrón, y sus escuelas filiales, enseñan las danzas tradicionales, respetando sus formas, que es un modo de preservación de la memoria y la cultura. En ese marco, ¿hay rasgos que distingan a la danza santafesina?
– Los santafesinos creemos que no hay danzas que nos representen. Pero estamos al lado de Santiago del Estero, del Chaco, del otro lado tenemos a Corrientes, al sur tenemos a Buenos Aires y limitamos también con Córdoba: ¡todas las danzas del país pasaron por acá! Lo que pasa es que no hubo la documentación que sí hubo por ejemplo en la provincia de Buenos Aires. Las danzas tradicionales argentinas se bailaron todas en la provincia de Santa Fe. Al ser una provincia tan larga, en el norte se baila mucho todo lo que tiene que ver con el rasguido doble, chamamé, valseado; en el límite con Santiago le damos más a la chacarera; en el sur se da mucho más la huella, las danzas pampeanas que se bailaban después del 1800. Santa Fe tuvo danzas de todas las regiones, nuestras coreografías son muy ricas.
– Una riqueza que debe responder a esta diversidad de formas e influencias.
– Sí, tal cual. Mirá, tenemos un país muy grande donde los límites geográficos los puso el hombre, pero los límites culturales son mucho más amplios. Un pájaro no pasa de una provincia a otra y cambia de plumas o su forma de cantar, es el mismo. Y el hombre que pasa de Chaco al norte de Santa Fe es el mismo. Lo cultural es una gran masa que va más allá de los límites geográficos que puso el hombre.
Programación completa
- Viernes 17 de abril, desde las 20 h, plaza de Wheelwright: Actuación de 25 escuelas de danza y cierre musical a cargo de Nati Pastorutti.
- Sábado 18 de abril, desde las 19 h, Escuela Primaria de Hughes: Actuación de 25 escuelas de danza y cierre con La Callejera.
- Domingo 19 de abril, desde las 10 h, plaza de Labordeboy: Desfile de compañías de danza. A partir del mediodía, actuación de 50 escuelas de danza, en dos escenarios. El cierre musical estará a cargo de Sergio Galleguillo.
