Autor de obras emblemáticas del repertorio popular argentino, Adrián Abonizio entiende al arte como un experimento. Desde esa convicción, el cantautor rosarino comenzará a recorrer la provincia de Santa Fe con el Laboratorio de Canciones, proyecto impulsado por el Ministerio de Cultura que propondrá encuentros gratuitos en donde Abonizio brindará herramientas creativas tanto para músicos formados como para personas sin experiencia en la composición.
El próximo sábado 26 de septiembre, de 10 a 13 h, la primera edición del Laboratorio se desarrollará en el Centro Cuidar de Bigand (ubicado en Remedios de Escalada 1243). Las inscripciones, gratuitas, podrán realizarse en la Unidad de Cultura Municipal, de lunes a viernes de 8 a 12.30 (consultas al teléfono 3464461015). Mientras tanto, el 8 de octubre el Laboratorio se realizará de 18.30 a 21.30 h en el Centro Cultural Villa Ángela de Bv. 9 de Julio e Yrigoyen (donde además se realizarán las inscripciones, de lunes a viernes de 9 a 12).
Autor de obras emblemáticas de la música popular argentina, como «El Témpano», «Dios y el Diablo en el taller» y «Mirta, de regreso», referente de la Trova Rosarina y ganador del Premio Gardel por su disco «Tangolpeando» (de 2012), Abonizio propone este ciclo de encuentros gratuitos como un espacio de creación colectiva, donde compartirá herramientas que posibiliten la composición. Al respecto, explicó: «Todo arte es un experimento, y como todo experimento uno confía que puede salir bien, pero no por eso hay que quedarse con el primer resultado del experimento. Hacer canciones es un experimento permanente, donde uno no tiene la fórmula, pero la tiene que copiar de otros, y tratar de evaluarlo y tratar de no estar solo. El peor peligro para alguien que compone canciones es la soledad, porque vos no sabés con quién compararlo y cómo medir la valoración de lo que hiciste. El peor peligro para una compositora, para un compositor, es quedarse solo, hay que buscar colegas con quien compartirlo. Y como es un experimento es bueno mostrarlo, porque no hay nada definitivo en la canción hasta que empieza a rodar por ahí sola. Ya ahí, más allá de la industria y del comercio y de la publicidad de determinadas modas, hay un misterio de por qué algunas canciones quedan enganchadas en la conciencia popular y otras no eso».
En esta línea, cada edición del Laboratorio de Canciones propondrá instancias que permitan compartir experiencias. «Como es un espacio de trabajo, uno tiene que medir con colegas, en este caso conmigo, que puedo ser un colega que, dicho con todo cuidado, está más experimentado, más zorro viejo en esto. A mí me gusta mucho la pintura, pero yo pinto de vez en cuando, entonces no puedo compararme con alguien que pinta mucho más que yo, que trabaja más que yo. Quiero decir: el trabajo es voluntad, es tener la idea o el instinto de ver para dónde va dirigido eso. Si yo pinto de vez en cuando, los resultados van a ser medio famélicos, medio flacos. Ahora, si yo trabajo mucho y pinto mucho, voy a tener buenos resultados, y eso lo tengo que evaluar con gente que está un poco más avanzada. Por eso lo que hago en el Laboratorio está dirigido a gente que no sabe absolutamente nada, y a otra gente que escribió mucho, porque son los dos extremos de un mismo lazo, ¿no?», explicó el cantautor.
Y amplió: «A veces el que escribió mucho está cansado, está cansada, de no saber cuál es el error que cometen. Y para el que no escribió nada, que está virgen de errores, resulta que tiene un mundo por descubrir. Entonces por eso es un misterio que va abonado con el intercambio de energía entre el que hace algo parecido a lo tuyo. Llegué a un punto de poder enseñar, que es mostrar lo que uno hace, porque me crié en un lugar y en un momento social del país donde era normal mostrar y compartir. Hoy por hoy, con el celular que tenemos en la mano, por ahí no compartimos nada y lo hacemos solos, no tenemos un parámetro. No nos podemos medir por los likes que pueden ocurrir en las plataformas. Esto no es la IA, esto es humano, uno tiene que tratar de mostrarlo. Y tratar de ir anotando también, andar siempre con un cuadernito al lado porque uno tiene memoria frágil a lo mejor y no tiene un referente cercano como para mostrar cómo es la cosa claro».
De allí la sugerencia a quienes asistan al taller para que cuenten con elementos para tomar apuntes y poder participar de la experiencia de la creación colectiva, según detalló Abonizio: «Como el encuentro es breve, voy a tratar de ser sintético y tratar de abordar este barco que aparentemente no tiene destino buscándole una brújula, un lugar por donde pueda transcurrir. Buscar un equilibrio, hay gente que compone mucha música y no sabe poner una letra, hay gente que escribe mucho y no tiene alguien que componga al lado, entonces esos mundos que están opuestos hay gente que los lleva juntos y hay gente que no, entonces la persona que escribe tiene que estar atento a colaborar con gente que hace música y viceversa. De todas formas, son herramientas que se ven en vivo, sorpresas o accidentes literarios de los imprevistos que te da la creación en el momento. Mi idea es mostrar en vivo cómo se compone. Entonces yo voy a componer en vivo con el riesgo que eso significa».
Con el objetivo de que cada edición del Laboratorio de Canciones ofrezca como resultado composiciones concretas, Abonizio no descarta la posibilidad de que esas obras puedan ser grabadas: «Lo que hago en este Laboratorio es dejar registrado lo que vamos haciendo y después dejar por lo menos una canción generada entre todos y que a todos nos guste. Entonces, las pocas o muchas condiciones que cada uno tenga, volcarla en ese momento. Y aunque es muy prematuro decirlo, en tres o cuatro horas se puede armar más de una canción, un texto. Que en cada encuentro podamos buscar algo que nos identifique a todos, con el lugar, con las características, ya sea de paisaje, ya sea de cultura que tenga que ver con lo humano, ya sea de anécdota, ya sea de historia. Dejar vislumbrado en cada lugar donde uno va algo que nos haga acordar que ese día juntos logramos una canción. Y después viene el tema de posiblemente, tenerlo como un pequeño archivo. Y si no se puede, tenerlo escrito, pasarlo a partitura».
Para el experimentado creador, el Laboratorio de Canciones representa además la posibilidad de seguir recorriendo el territorio, a modo de los grandes juglares: «Me gusta que me siento como que voy a caballo, de pueblo en pueblo, contando historias. Y recogiendo algunas, porque hay un porcentaje alto de lo que yo escribo que lo saqué de todos los recorridos que hice por un montón de lugares del país. Tengo recuerdos del sur, del norte, que son buenos regalos o un robo amable que le hago a la gente, que me cuenta sus cosas. Esto es un encuentro, fundamentalmente quiero creer que va a ser un encuentro entre colegas: porque nadie es más que nadie. Yo me puedo sentar al lado de Paul McCartney o de Cafrune (si viviera) y me siento un colega de ellos, porque ni yo tengo más que ellos ni ellos más que yo, todo el mundo que escribe merece sentirse colega de otro que hace lo mismo. Después la escala de valoración, los parámetros, los pone la industria discográfica, los catadores de premios, los que hacen concursos y todo eso. Nosotros tenemos que seguir en el campo raso recogiendo historias y contarlas, algo siempre va a quedar».
