Entrevista 07/01/2026

«El premio fue un empujón para asumirme como poeta»

Después de obtener el Premio Provincial de Narrativa «Alcides Greca», en 2020, el escritor rafaelino Santiago Alassia resultó ganador de la categoría de obra inédita en el Premio Provincial de Poesía «José Pedroni», por el notable libro «En la cámara oscura».

Cuatro años después de haber obtenido el Premio Provincial de Narrativa «Alcides Greca», Santiago Alassia fue uno de los ganadores del Premio Provincial de Poesía «José Pedroni» 2024, lo que ratifica el enorme talento del escritor rafaelino, cuyo libro «En la cámara oscura» resultó seleccionado por el jurado en la categoría inédita. Para Alassia, el premio resultó «una alegría totalmente inesperada», y viene a consolidar el rumbo poético del autor, cuyo nuevo trabajo vuelve a inscribirse (esta vez, lógicamente, desde la poesía) en un universo autoral distintivo, que conecta con los personajes y el clima de «No es lo suficiente», el libro de cuentos que le valió, en 2020, el premio Alcides Greca. 

En ese sentido, Alassia reflexiona: «Tenía muy presente, por supuesto, el premio Greca que había tenido la suerte de ganar con mi libro de cuentos, pero no me decidía a mandar al premio de poesía, y me inscribí sobre el final de la convocatoria. Es una alegría inmensa, porque es un premio importantísimo, y que viene a cerrar un año muy difícil para todos los que trabajamos en educación y en cultura, porque es de público conocimiento el descuido, el destrato, el vaciamiento y recorte a nivel nacional, entonces uno tiene que producir, trabajar, correr y remar. Es muy difícil para quienes trabajamos como changarines de la cultura, que es lo que me considero: trabajamos un poco dando talleres, dando clases en la Universidad, un poco con algo que se genera con algún evento escénico, ocasionalmente con la venta de algún libro». 

En ese marco, explica Alassia, el premio llega para marcar el rumbo: «Fue un empujón para asumirme como poeta. Venía con un bloqueo importante en cuanto a la escritura de narrativa, y en los últimos tres años estuve produciendo tres poemarios. Pero no deja de ocurrir que la poesía es como la niña pobre, autista, de la familia de la literatura: la poesía no se vende, nadie lee poesía, no se edita poesía. Entonces los poetas están queriendo escribir una novela para pegarla. Pero la narrativa ha sido subsumida dentro de los cánones de lo audiovisual, y del mercado, entonces el único espacio donde uno realmente puede ejercer una libertad (porque no vive de eso, sino para eso), una torsión subversiva del lenguaje, es la poesía. Mi relación con la escritura no puede ser productivista dentro del mercado, no puedo estar tres horas todos los días avanzando en una novela que sea visual, que se venda, para pegarla. Porque para trabajar, para ganarme el pan, tengo que correr en otros lados, entonces quiero llegar a mi casa y experimentar con el lenguaje».

Y si bien para muchos lectores el terreno natural de Alassia está asociado a la narrativa, el vínculo del rafaelino con la poesía es iniciático. «Empecé leyendo sistemáticamente poesía, empecé intentando escribir esos sobresaltos vivientes del idioma en la página, intentando generar algo parecido a eso -recuerda-. Mis primeras vinculaciones fuertes con experiencias de lectura tienen que ver con Oliverio Girondo, Alejandra Pizarnik, Raúl González Tuñón, César Vallejo, Pablo Neruda. Entré por ahí a la literatura, y después empecé a leer narrativa. De hecho la primera narrativa que me enganchó fue una narrativa muy poética: Juan José Saer, Marguerite Duras, el mismo (Samuel) Beckett. Pero a mí no me dura mucho el deseo, el enganche o las ganas de narrar una historia que entretenga. Me parece que está todo hecho y, además, no me sale. No me sale un cuento entretenido a la (Liliana) Heker, a la (Abelardo) Castillo, a la Mariana Enríquez o Samanta Schweblin. No lo sé hacer, no sé cómo hacerlo. Entonces vengo de ese duelo: no puedo escribir narrativa, y este premio me empuja a escribir poesía».

– Pero, de hecho, en 2020 obtuviste el premio provincial de Narrativa con un libro de cuentos que sí funcionan. Quizás no están en la línea del mainstream comercial, pero son cuentos que claramente funcionan como tales. Y, además, generan un universo que tiene un hilo conector con “En la cámara oscura”, un universo de personajes que tienen que ver con la soledad, con la locura (o con el tránsito hacia la locura…).

– Qué bueno que eso se vea, está bueno que un lector diga que los textos funcionan, eso me da alegría. Pero creo que si los textos de «No es lo suficiente» funcionan, sí tengo mis dudas sobre si funcionan como una narrativa mainstream. Son personajes medio deshilachados, que balbucean, que bordean exactamente algo sin fondo, medio oscuro, innombrable, que puede ser la locura, que puede ser un brote hacia otro lado. O puede ser la antesala de la muerte, como dijo Beatriz Vignoli en la nota que escribió sobre “En la cámara oscura”, que yo no lo había pensado así. Entonces puedo bucear momentáneamente, cada vez menos, hacia la narrativa, pero siempre con estas obsesiones, de escribir sobre lo que no sé, sobre esto que me convoca: estos raptos de soledad radical, estos raptos de asocialidad que tienen estos personajes, eso humano incurable, esto de que no pedimos nacer pero acá estamos, sabemos que nos vamos a morir, qué hacemos con eso.

– Que es también la realidad de quien escribe mientras escribe: un momento absolutamente solitario.

– Sí, totalmente. Por más que internet, las redes sociales, el ruido permanente que hace cada vez más difícil la atención y la concentración, nos quiera disuadir de que estamos coolmente enganchados y conectados con los otros, compartiendo, pero no es así. Y la escritura es un momento de radical soledad, de no careteo, donde uno se encuentra con eso incurable del modo humano de habitar este planeta. Hasta donde sabemos somos los únicos seres que tenemos conciencia de que nos vamos a morir, y eso es fuerte.

– ¿Cómo aparece el concepto, la figura, de la cámara oscura, que guía al libro-poema que ganó el premio?

– El germen del texto apareció como una revelación en un momento concreto. En el 2019 con mi ex pareja teníamos un proyecto cultural y educativo que se llamó Viajapalabra, donde viajamos por todo el norte de Argentina, por Bolivia, Uruguay, por el norte de Chile, llevando talleres de poesía y de teatro a escuelas, centros culturales, escuelas barriales, centros barriales. Y estábamos en un centro cultural en Tucumán, un martes a la noche, y yo estaba solo en la sala de teatro, de tipo caja negra, con todo apagado. Estaba descansando, retirándome del trajín de ese proyecto que fue muy hermoso pero a la vez muy agotador, y ahí nació la primera imagen: un personaje, un yo, una conciencia, que de repente se sustrae de toda la realidad codificada simbólicamente y está en un espacio negro, vacío, donde no se escuchaba ni veía nada. Esa fue la primera imagen, y después a partir de ahí durante dos años fue empezar a escribir, corregir, surgían nuevas imágenes, lo dejaba reposar, y fue creciendo. A partir de esa imagen primigenia yo mismo empecé a ver qué era ese espacio de la cámara oscura: ¿es un espacio físico, uno simbólico? ¿qué le pasa a ese personaje, está muerto, son los primeros segundos apenas acontece la muerte? ¿está loco, está deprimido? Yo soy actor y profesor de teatro y durante varios años trabajé en centros de día acompañando y tratando de contener, sostener y aportar algo desde el teatro a personas con diferentes grados de discapacidad, desde psicosis profundas hasta síndrome de Down. En esos momentos donde esos cuerpos tienen que ser profundamente medicados para poder sostener mínimamente un estar en el mundo, hay una instancia de enorme enajenación, despersonalización y desdoblamiento donde vos podés pincharlo con un cuchillo y capaz que no sienten nada. Son imágenes que fueron apareciendo a partir de esa semilla inicial.

– Por las características de ese personaje que aparece, que describís, también podría haber formado parte de los cuentos y el universo de «No es lo suficiente». ¿Desde un primer momento entendiste que esa figura de la cámara oscura se desarrollaría desde la poesía?

– Sí, es verdad, pero no es algo que pensé conscientemente, es como cuando te viene una imagen, la anotás, va creciendo y de repente te encontrás con que simplemente está en otra carpeta. Sí estos intervalos de silencio, espacios en blanco que tiene el poema, me daban la cadencia de avance del texto a partir del verso. Por eso lo pensé de entrada en las carpetas de la poesía y no de la narrativa, incluso cuando es cierto que en ese momento estaba escribiendo los personajes que después fueron a “No es lo suficiente”. O sea que tranquilamente podría haber sido uno de esos personajes, pero fue para otro lado.

Seleccionado en la categoría de obra inédita (el rubro de obra editada quedó en manos de Gaby De Cicco), el texto de Alassia fue destacado por el jurado que integraron Carina Sedevich, Sonia Scarabelli y César Bisso, que apuntó: «En este libro encontramos una marcada unidad, un dinamismo logrado por una especie de plasticidad metamórfica de las imágenes a través de un trabajo muy pulido con el lenguaje y de gran potencia emocional. Con un juego acotado, logra movimiento y sugerencia, y captura la emoción recurriendo a la visualidad y a una cuidada sustracción, a cierta resistencia a explicitar».