El reflejo de sus ojos

Entrevista a Germán Menna, autor de la muestra "¿Cómo retratar a una sobreviviente?”, ganadora de la edición 2021 del Plan Fomento, el programa de apoyos del Ministerio de Cultura de la provincia de Santa Fe.

(Txt: Erika Saita. Img: Fernanda Forcaia) La exposición ¿Cómo retratar a una sobreviviente consiste en un registro fotográfico y de archivo de la última dictadura cívico militar argentina que narra el proceso de investigación y búsqueda de las sobrevivientes de la comunidad trans en la provincia de Santa Fe. Realizada por Germán Menna, la muestra contó con la curaduría de Leticia Rigat y Andrea Beltramo y se podrá visitar hasta el 19 de junio en el Museo de la Memoria de la ciudad de Rosario (Córdoba y Moreno).

Germán Menna es artista visual. Experimenta con la fotografía digital, analógica, el video y las intervenciones urbanas performáticas. Es licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de Rosario) y actualmente se desempeña como investigador en el área de la representación de las disidencias sexuales y diversidades en la fotografía, focalizando su atención en la comunidad trans.

En relación a su nueva muestra, Menna explica: «Pensé mucho en el nombre porque era importante poder nombrar a las chicas con su identidad. La muestra abre con un audio que mandé a las 4 de la mañana, porque me hice un grupo de whatsapp conmigo mismo para mandarme cosas, y de ahí surge el título. El audio dice: ‘Me puse a pensar en el programa El camino en TN cuando hablaron del Holocausto, ¿cómo retratar a un desaparecido/a? ¿cómo se retrata a un sobreviviente?, ¿cómo se retrata a una sobreviviente? Entonces, …no sé’”.

– En lo particular siento que la muestra nos invita a repensar ¿cómo se retrata a una sobreviviente? Me entiendo como espectadora activa con el título. ¿De eso se trata?

– Sí, es la idea. Yo me hago muchas preguntas en el proceso. Esta obra me llevó tres años, un proceso de investigación. Yo las quería retratar pero a medida que seguía la investigación pensé que el retrato solo no lograba plasmar lo que yo quería contar. Todavía no sé cómo retratarlas. Sí te puedo decir que después de haber transitado todo eso, aunque suene naif, que con respeto, con amor, con enternecimiento, con comprensión pero no sé si el retrato ha sido la materialidad, es una pregunta que no va a tener respuestas o que sigue siendo un punto disparador a seguir buscando, a seguir retratando a otras chicas de Santa Fe y de afuera…

– Imagino además difícil la tarea de cómo iniciar una conversación al no conocerlas.

– Sí, no es fácil. Algunas me ponían la manito de me gusta (en las redes sociales) y quedaba ahí. Yo era muy insistente, hasta que se fue dando de a poco. Con Marcela, la primera, hablamos mucho por teléfono, después fui a la casa. Se generó una cadena de a poco. Para que una me dé el contacto de la otra tenía que ganar confianza porque es un colectivo que sufrió mucha violencia y se van cuidando entre ellas. Tuve varios encuentros, antes había mirado todos los videos de entrevistas que había de ellas para conocerlas, pero para mostrar lo que está acá yo necesitaba conocerlas más. La «Cartografía» (NdR: una de las piezas de la obra) simula una calle, un espacio de amenaza para ellas. El espacio público donde estaban habitualmente eran los parques que se los «habilitaban» a la noche para que ellas puedan trabajar, porque la mayoría ejercía la prostitución ya que no tenían otro medio de vida. Pero el parque también era una amenaza porque las esperaba la policía y las metía presas. En sí la calle era el espacio de visibilización y era una amenaza constante. Entonces yo hago una investigación en la cual fui muchísimas veces a catastro a buscar los planos de los años 70, 80 y 90 de la ciudad de Rosario, accedo a las comisarías de la ciudad en el espacio en el que estaban ellas y empiezo a trazar y ver cosas. Y llego a un prontuario. Porque después de un tiempo de mucho amor me permiten ver algunos prontuarios y empiezo a percibir mucha desinformación y me detengo en ver las marcas en ellos: estaban abollados, rotos y ahí siento que eso es violencia pura. Ahí estaban las actas de cuando fueron detenidas. Entonces comencé a preguntarme cómo transformar eso para mostrarlo sin revictimizar a las víctimas. Ellas sólo pueden narrar en primera persona lo que les pasó. Y empiezo a percibir en todo eso una cuestión de paisaje, esta cartografía que parece una calle está trazada por las marcas y líneas de estos prontuarios. Yo quería dar otro vuelo y transmitirlo con una cuestión poética y paisajística, desde la abstracción.

– Me quedé pensando en los prontuarios, ¿los tenía la policía?

– Los tenían ellas, porque los necesitaron para la reparación (NdR: En 2018 en la provincia de Santa Fe se otorgó a más de 20 personas trans una pensión y obra social en el marco de la ley reparatoria “para personas privadas de su libertad por motivos políticos, estudiantiles y sindicales”). Solamente pueden acceder a ellos las víctimas y los abogados de las víctimas. Y había algo particular en cada prontuario: no estaba la foto, estaba la marca de la foto analógica arrancada y los números de los negativos. Las fotos nunca aparecieron. Y cada vez mi obsesión por saber qué pasaba con las fotos era más grande, justo yo siendo fotógrafo quería saber qué sucedía con esas fotos. Fue un proceso traumático. Y ahí en ese cuarto que se llama «Resiliencia», es un espacio blanco para escuchar algunos testimonios que habla de ello. Junto a «Fichaje», donde se usan como referencia las fichas de identificación y reconocimiento que eran utilizadas durante el proceso de detención policial de las mujeres trans, intenta abreviar esa falta. Cuando tenía acceso a los prontuarios había algo que yo no podía leer bien si no era abogado, lo único certero que encontraba era el sello de Copia fiel. Entonces esta sala (señala un cuarto oscuro que sólo alumbra a una pila de papeles con ese sello) implica la imposibilidad de acceder a esa información. Son 400 hojas que yo decidí hacer. La idea de esta sala es creer que te llevás algo pero en realidad está vacío y sólo te dice el número de folio.

– El video que vemos acá caminando por la calle…

– Esto representa la posta de 8 mujeres trans de entre 14 y 16 años que hacían una recorrida: Corrientes, Urquiza, Tucumán y Balcarce. Llegaban al departamento se ponían la ropa y bajaban, era para mostrarse y ser deseadas como mujer. Si una no volvía era porque había sido chupada por la policía y ahí se terminaba el recorrido.

-¿Las retratadas son estas mismas chicas?

– No, de ellas quedó una sola sobreviviente: Marcela.

– ¿Los retratos nos disuaden a reflexionar que las protagonistas tienen “algo para decir” sin revictimizarlas?

– Totalmente (se emociona y hace una pausa). Sí, es que fue muy movilizante en la inauguración cuando se vieron. Ellas están muy agradecidas por toda la gente que vino y estaban muy conmovidas por lo que les pasó cuando se vieron en esa imagen que vieron y pudieron reconocer su tristeza. Pero no es como diciendo “ay, me hiciste triste”. No, yo las hice como son: divinas pero hay algo en esa mirada que no va a sanar nunca y eso se ve en el reflejo de los ojos. Nadie sabe de la tristeza que hay detrás de sus brillos por toda la violencia que sufrieron. Tienen un exilio inconcluso, las echaban de todos lados. Y de eso hablan los retratos: contar la verdad sin rectivimizarlas, sin contar todo tan literal.

– ¿La muestra habla de las mujeres trans de Santa Fe que fueron reconocidas como víctimas de la dictadura a través de la reparación histórica contemplada en la ley provincial 13.298?

– La gran parte sí. El primer hilo de la obra empieza cuando doy con esa información pero empiezo a ver quiénes quedaron afuera, quienes no estuvieron en la reparación porque hay muchas que tuvieron toda la violencia y no accedieron a esa reparación y están luchando por eso.

– ¿Cómo fue la aceptación de las chicas a tu propuesta, a ser fotografiadas?

– No fue fácil, algunas se prendieron, otras empezaron a averiguar (con todo su derecho) porque yo era desconocido. Incluso yo trabajo desde mi casa, que la convertí en un taller-estudio entonces era ir a meterse con una persona desconocida después de toda la violencia que ellas sufrieron… Yo comencé de a poco, si alguna tenía cuatro cuentas de Facebook les escribía a las cuatro, fue un largo trabajo, por ahí me decían que me iba a presentar a otra y no sucedía. No ellas, otras personas… Y cada vez que había un no, era más adrenalina, me daba más combustible. Y cada vez me interesaba más por conocerlas y dónde buscarlas

– Imagino que en el proceso de trabajo entablaste con alguna de ellas conversaciones íntimas sobre los tiempos de la dictadura. ¿Qué generó eso en vos? ¿Cómo transforma el artista esas emociones?

– Mi idea era no contar lo obvio, no porque no sea necesario sino porque ya está contado. Me pareció que el recurso poético era mucho más fuerte: un recurso poético en el archivo, en lo cartográfico, era mi idea. No quería ser invasivo, había que saber esperar y respetar, no meter más dolor al dolor sino transformar esa mierda… Eso lo pueden contar ellas nomás. Al menos es mi parecer.

– Se puede decir que tu muestra acompaña al reclamo del activismo LGBT de los “30.400 desaparecidos”, ¿qué te moviliza en lo personal este trabajo?

– Gracias por preguntar eso. En realidad hay una pieza específica en la muestra en relación a eso: por ello son las cuatrocientas fojas que están disponibles de los prontuarios de “copia fiel”. para que la gente tome y se los pueda llevar. Hay que ver qué sucede después de que se llega a las 400 o no…. Yo creo que, con respecto a tu pregunta, es necesario hablar de este tema. Sé que hay gente que considera que dentro del 30.000 ya están incluidas ellas y que costó mucho fijar ese número. Pero también es entendible la noción de que se instale los 30.400. Yo no tengo una postura tomada al respecto, a mí me parece interesante que se empiece a hablar de esto, a reflexionar. Mi idea con este dispositivo es que con las 400 fojas se sepa que hay 400 expedientes de la Conadep que no están adentro, que pertenecen a la comunidad LGTBTIQ+ y de eso, hasta hace un par de años, no se hablaba.

– ¿Qué significó para vos el apoyo del Plan Fomento del Ministerio de Cultura de la provincia?

– Para mí fue un impulso tremendo porque ese dinero que me asignaron me sirvió para hacer todas las pruebas que permitieron que luego todas las otras instituciones que me apoyaron vieran de qué iba. Me sirvió para creer un poco más en mí, que el proyecto servía. Fue muy fuerte eso y a mí me pareció maravilloso, fue el inicio de todo. Los artistas necesitamos un apoyo porque todo lo costeamos nosotros y a veces no podemos. Lleva mucho trabajo montar todo.

– ¿Tu idea es seguir recorriendo otros lugares con la muestra? ¿Cuáles son tus planes al respecto?

– La muestra por suerte ya fue pedida por varios lugares: en Gálvez, en Santa Fe ciudad, en San Martín de los Andes. La idea es que recorra. También tenemos pensado llevarla a Mallorca, eso lo están gestionando las curadoras Leticia y Andrea porque ya había sido presentada allá de manera virtual. En España en este momento está habiendo una persecución extrema contra las chicas trans, muy fuerte. Así que la idea es generar ciertos lazos. Por mí que recorra el mundo entero (risas). Estamos trabajando en qué hacer en julio acá en Rosario: está la idea de un conversatorio para que circule la palabra de las chicas y también hacer una intervención en la Sede de Gobierno. Estoy muy feliz con lo que se dió. Está teniendo mucha repercusión, no esperaba tanto. Lo importante es que nos llaman de muchos espacios referidos a la diversidad y me parece interesante porque esto lleva a dignificar a las chicas y a visibilizarlas.

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