Entrevista 05/03/2026

«Es un lujo acompañar a Fito al lugar donde le sucedió lo bello, lo trágico y lo eterno»

El realizador cubano Juan Francisco Vilar llegará a Rosario para presentar «La Habana de Fito», documental que se proyectará el domingo 8 de marzo, a las 21, en el Teatro de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

El Teatro de Plataforma Lavardén proyectará este domingo 8 de marzo, a las 21, la película «La Habana de Fito», un viaje íntimo y musical junto a Fito Páez por una de las ciudades más significativas de su vida. Dirigida por Juan Francisco Vilar, la película propone una mirada cercana y poética sobre el vínculo entre el músico rosarino y Cuba, donde la música funciona como puente, memoria y celebración. El documental trasunta el carisma de una confesión de amor, en donde el artista reflexiona sobre un país, su historia, su gente, sus músicos y sus contradicciones. Las entradas tienen un costo de $5000 y pueden adquirirse en entradaslavarden.com o en la boletería del teatro, en la esquina de Sarmiento y Mendoza.

En diálogo con Juan Francisco Vilar, el realizador cubano comparte la intimidad de la génesis, el proceso creativo y el devenir de su película, que este domingo se encontrará con el público en el teatro de Plataforma Lavardén.

– ¿Cómo surge la idea de contar el vínculo entre Fito Páez y La Habana?

– La idea surge mirando la ciudad durante la pandemia. El atardecer coincidía con el toque de queda y no circulaban automóviles, se escuchaba el silencio sordo que la envolvía mientras la luz iba perdiéndose detrás del Castillo del Morro, la fortaleza que está a la entrada de la bahía de la Habana. Escanear delicadamente ese paisaje, vivirlo, se me convirtió en un ritual que me sacaba de la ordinariez e ignorancia del oficialismo que recién había expulsado del país al cantante Francisco Céspedes. Fito permanecía encerrado en su departamento en el invierno de Buenos Aires. Lo llamé por cámara mostrándole lo que estaba viendo en ese instante y me respondió algo así: «Cómo extraño estar ahí con Pablo (Milanés) y contigo, con nuestros amigos, tomándonos una cerveza espumeante». Se me ocurrió proponerle que grabara a piano y voz el tema «Habana», que yo filmaría el nacimiento y la muerte de la luz en aquella ciudad hermosísima y vacía; y que lo cantaran Pablo Milanés, Pancho Céspedes y él.

– La película tiene un tono íntimo, poético y confesional. ¿Cómo fue construir esa cercanía con el artista?

– Fue natural. Nos conocimos a los veinte años y siempre estuvimos conectados. Con el paso de los años hemos peleado mucho por conservar esa amistad, y nutrirla con los amigos. Pero, sobre todo, nos conocemos en lo que vale la pena conocerse, que es en el cuidado del amor. De paso somos dos artistas que compartimos con muchísima preocupación y sentido del humor la decadencia y caída de casi todo el mundo -como diría Will Cuppy-, incluido el nuestro, creando música, libros, guiones, sueños de principiante que son los que impulsan, porque son los que dan vida.

– ¿Qué representa Cuba en la vida y en la obra de Fito, según lo que pudo vislumbrar a lo largo del rodaje?

– Él lo sintetiza en el documental con una frase que me sacudió desde que la dijo: «Bienvenido a la vida otra vez».

– La Habana aparece casi como un personaje más. ¿Cómo se trabajó esa dimensión de la ciudad dentro del relato?

– Primero que todo yo soy habanero y conozco la ciudad desde la tierra, porque no sé manejar. Además, los primeros días de cada mes, salía en el carro con mi abuela, que tenía chofer, para cobrar la chequera de su pensión como viuda de un capitán de la marina mercante. Invariablemente, el chofer se perdía en las entrecalles de la Habana Vieja, y mientras encontraba la salida, mi abuela me mostraba detalles de los inmuebles asociándolos con el apellido de los antiguos dueños. Por lo tanto, me relaciono con ciertos lugares de la misma manera que con las personas: no puedo separarlos afectivamente. Por eso todas las que salen en el documental son irremplazables en mi vida, incluyendo a mis hijos y mi madre que aparecen al inicio. Todos son testigos de una Habana que entre 1956 y 1965 llegó a la cumbre de sus noches de felicidad, elegancia y divertimento, pero también de afectos contradictorios. Por un lado, el gobierno libera las artes y actúa como benefactor y mecenas, por otro reprime a los homosexuales y religiosos, aplicando una mentalidad de exclusión y muerte civil contra lo diferente.

– ¿Qué espera que el público rosarino se lleve después de ver la película?

– Que la pase bien. Si sale feliz de la experiencia que lo apartó de la pantalla de una tablet o de un teléfono, para mí valió la pena. También siento deseos de escuchar lo que quieran decirme. Pero sobre todo es un lujo acompañar a Fito al lugar donde le sucedió lo bello, lo trágico y lo eterno. Fue idea suya que el documental se exhibiera en Rosario, dentro de esta semana de homenajes. Creo que lo hizo para que nos conociéramos, y les contara la parte de su vida habanera, a la vez que ustedes me cuentan la parte que desconozco.