Hugo Fattoruso y Fernando Cabrera: reunión cumbre de la cultura rioplatense

Después de décadas de recorrido musical, los compositores uruguayos compartirán por primera vez un concierto a dúo. El Teatro Lavardén del Ministerio de Cultura será sede de ese encuentro esencial, el jueves 23, a las 21.

(Texto: Edgardo Pérez Castillo) Aún cuando sus enormes trayectorias musicales coinciden en tiempo (durante las últimas cuatro décadas) y espacio (Uruguay, esencialmente); incluso cuando sus toques tuvieron puntos de encuentro esporádicos en festivales y colaboraciones en estudio, fue una sugerencia del productor argentino Javier Celoria la que permitió que los enormes los compositores uruguayos Hugo Fattoruso y Fernando Cabrera pudieran diagramar un proyecto a dúo. Una reunión cumbre que permitirá encontrarse con canciones esenciales de la cultura rioplatense. Porque Fattoruso (Montevideo, junio de 1943) y Cabrera (Montevideo, diciembre de 1956) son responsables de dos repertorios consagrados y fundamentales, personales e influyentes. Algo de todo ello formará parte del concierto que este jueves 23, desde las 21, ofrecerán en el Teatro de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza, Rosario).

Y es Fattoruso el que, desde Holanda y en medio de una nueva gira, brinda detalles de la génesis del encuentro: “Es una idea y diseño de Javier Celoria, con quien trabajamos juntos hace ya 20 años. Junto a Lea Bensasson, de Glamity, coordinan nuestras presentaciones. En el repertorio hay temas de Cabrera y temas míos. En la elección de mis temas no habrá ninguno instrumental, todos con letra. ¡Seleccionamos a gusto unas cuantas queridas!”.

Desde la fundación de Los Shakers (pionera del rock rioplatense, en el primer lustro de la década del 60, casi en simultáneo con la rosarina Los Gatos Salvajes, de Nebbia, Fogliatta y compañía) y del influyente grupo Opa y su innovadora mixtura de géneros, Fattoruso resaltó como un artista virtuoso, creativo, incansable. En su recorrido, la lista de colaboraciones es casi inabarcable: de allí que su apreciación sobre su actual compañero cobra particular sentido. “De la obra de Fernando me atrae todo: letras y melodías. También es muy singular la manera en que usa la guitarra para acompañarse. Creo que no conozco nada parecido”, distingue.

Desde Uruguay, Cabrera replica el ejercicio y, sobre el gran faro musical del Uruguay, destacará, ante todo, su vitalidad: “¡Hugo tiene mucha más actividad que yo! Una virtud de Hugo, que no es exactamente musical, tiene que ver con su carácter, su energía, su forma de vivir y encarar la música. Una especie de vigor fenomenal, tanto físico como espiritual, es un ejemplo de vida”.

– Entre todas las virtudes artísticas de Hugo, que son muchas y, afortunadamente, bien reconocidas, ¿cuáles son los aspectos que más te atraen de su obra?

– Hay varios. Para empezar la forma que tiene de tocar el piano y también, que no se consigue, los teclados. Tienen una manera de tocar muy propia, que fue desarrollando con el tiempo. Es un deleite escuchar su forma de improvisar. Me acuerdo de los primeros años en que lo invitaban para tocar mucho en discos de otros, y él llegaba al estudio sin saber el tema, con artistas como Jorge Galemire o Jaime Roos. Él enchufaba el teclado, le pasaban el tema por primera vez y le decía al técnico que lo fuera grabando: él iba tocando y ya en esa primera toma quedaba una maravilla, que muchas veces era la que quedaba en el disco. Imaginate el nivel de compenetración y de intuición que hay que tener para que eso suene excelente. Esas son las apariciones de Hugo como invitado a un estudio.

Sin embargo, esa espontaneidad y capacidad de improvisación no marcarán el pulso de estos conciertos a dúo. “Para mí fue una sorpresa su forma de trabajar, pensé que era más libre –admite Cabrera–. Pero al contrario, es muy riguroso, no le gusta que le cambies ni media nota, quiere que las cosas sean como él las inventó. Tuve que trabajar mucho para aprender los temas”.

– ¿Cómo vivieron el proceso de darle forma a este encuentro, de pensar el repertorio y las sonoridades?

– Empezamos a intercambiarnos posibles repertorios. Hugo me mandó una lista extensa de canciones de él, elegí algunas, y yo le mandé temas míos. Ahí fuimos armando, agregamos solamente un tema que no es nuestro, “Araca la cana”, un tango del excelente compositor argentino Enrique Delfino. El tango es de 1926, lo grabó Fresedo, enseguida Canaro y enseguida Gardel. Fijate qué curioso: salía un tema y lo grababan al mismo tiempo tres artistas muy conocidos, en el lapso de un mes y medio. De ese tango tomamos la melodía, y se puede decir que la armonía, pero después es un arreglo propio. Después también hay una versión que Hugo hace de “La Casa de al lado”, y me pareció oportuno hacer ese tema en la versión de él. Hay temas de todo tipo.

– Al momento de seleccionar la lista de temas para enviarle a Hugo, ¿consideraste cuáles podrían funcionar mejor en este formato de dúo?

– Con Hugo todo puede funcionar. Yo no pensé en ningún momento algo que fuera cómodo para él, porque es tan completo, tan dotado y virtuoso… pensé más bien en el espectáculo, en el repertorio unido. Pensé en temas míos que no hago habitualmente, para que el público que me ve a menudo tenga una sorpresa. Sí, hay temas como “La casa de al lado” o “El tiempo está después”, pero después hay temas poco conocidos, de mis primeras épocas y también nuevos, recientes. Y Hugo me mandó de todo, también cosas nuevas, o cosas que yo no conocía, también otro tema que no estaba grabado. Ahí sí elegí un poco en función de cómo me sentía más cómodo, como guitarrista y como cantante. Son temas hermosos, muy complejos, porque no hay sencillez en la obra de Hugo, me ha costado mucho trabajo aprendérmelos bien y luego interactuar con él y hacer aportes con mi voz y mi guitarra. Ha sido un trabajo muy fuerte de estudio previo a los ensayos, para no defraudarlo. Al principio estaba pensando en eso, en no defraudarlo, en tratar de estar a su altura (que, por supuesto, es imposible). Por suerte eso mutó en disfrute, confianza y satisfacción.

– Mencionabas la complejidad en las obras de Hugo. En el caso de tu obra, hay una aparente sencillez en las composiciones que, al profundizar la escucha, revelan también mucha complejidad.

– Es cierto. Y eso combinó muy bien. Es uno de los aspectos que Hugo me ha destacado, o que a él lo agarró por sorpresa. Cuando se juntan un pianista y un guitarrista, si ambos son virtuosos y recargados el resultado puede ser una maravilla, como en el caso de (Horacio) Salgán y (Ubaldo) de Lío, pero también puede ser un desastre, una sobrecarga de información, una cosa barroca, sobrecargada. En nuestro caso se da un equilibrio. Para empezar porque no soy virtuoso. Y, segundo, por la búsqueda de equilibrio musical, de atmósferas, porque no estamos dando examen.

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