La Orquesta Sinfónica de Santa Fe brindó una gran noche con piano protagonista

El penúltimo concierto antes del cierre de temporada fue conducido por el Maestro argentino Gustavo Fontana y estuvo acompañado por una artista invitada de lujo, la joven pianista polaca Anna Miernik.

La pasada noche del viernes 25, las puertas del Centro Cultural Provincial se volvieron a abrir en la ciudad capital de la provincia para que la Orquesta Sinfónica santafesina reciba una vez más a su público con una nueva propuesta musical.

El penúltimo concierto del actual calendario de la orquesta -el cierre de temporada será a mediados de diciembre-, fue conducido nuevamente por un invitado. Uno que ya estuvo parado en el podio local en el 2019, el Maestro argentino Gustavo Fontana, y en esta oportunidad estuvo acompañado por otra artista invitada, la joven pianista polaca Anna Miernik.

Ante una gran concurrencia de público, el encuentro comenzó puntual, a las 21 horas. Debajo de las luces ya se encontraba el hermoso piano de cola que tiene la orquesta, pero la primera obra del programa no fue con la solista, sino que fue la Obertura Meeresstille und Glückliche Fahrt (Mar en calma y próspero viaje), op. 27, de Mendelssohn. La pieza, inspirada en poemas del escritor alemán Goethe, fue de una ejecución inmaculada.

Fontana, de gran capacidad, supo manejar al grupo en el tránsito de una música exquisita. Finalizada la obertura fue el momento en el que se abrió paso en el escenario la solista Anna Miernik. Joven y radiante, saludó a la audiencia, al maestro y a la orquesta y se dispuso a ocupar su lugar en el piano para dar paso a la ejecución del Gran Rondó de Concierto (Krakowiak) en fa mayor, op. 14, de Chopin. Durante los poco más de quince minutos que duró la interpretación, Miernik mostró su delicadeza y gracia al servicio de una performance apasionante. Se relacionó con el piano como si fueran un solo cuerpo, orgánico y funcional, logrando que todos centraran su atención en la musicalidad de sus manos que hablaban por sí solas. Los aplausos del público al final parecían interminables, y así se dio paso a un corto intervalo donde se quitó el piano del escenario y se rearmó la formación de la orquesta. Seguidamente, Fontana se comprometió con la última obra de la noche, la Sinfonía Nº 9 en mi menor, op 95, “Nuevo Mundo”. El Director hizo justicia con la popular obra de Antonín Dvorak. Su expresión corporal fue imponente. La música brotaba de cada centímetro de su cuerpo, comunicándose con convencimiento en cada marca. La tarea de los músicos también fue digna de destacar porque pudieron seguir al Maestro durante todo el concierto con un nivel de concentración muy meritorio.

Con todo el público aplaudiendo de pie y enérgicamente, terminaba el encuentro de temporada número dieciséis de la Sinfónica santafesina. En diciembre será la última presentación del año, y por lo que se sabe, el escenario y la obra serán imperdibles.

 

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