(Texto: Gustavo Battistoni) Estanislao López amaba a las mujeres. Cierta novelística romántica lo ha contrapuesto a la figura de Pancho Ramírez para mostrarlo como un espartano duro, alejado de la vida afectiva íntima. Esta imagen perdura hasta el día de hoy, pero no se corresponde a la verdad. El amor que sintió por Josefa Rodríguez del Fresno y sus tres hijas desmienten, en una primera mirada, esa despectiva opinión de quien tuvo a la mujer en el centro de su existencia.
Pero no sólo fueron las mujeres de su familia el núcleo de su preocupación. A través de toda su obra gubernativa bregó por el mejoramiento de la situación de quienes por la tradición patriarcal no eran consideradas ciudadanas de pleno derecho. Coincidía en esto con el socialista utópico Charles Fourier que consideraba que en la emancipación de la mujer tenemos el indicador más objetivo sobre el grado civilizatorio de una sociedad.
Es de recalcar, para tener un perfil completo del gobernador, que en su último acto gubernativo, 45 días antes de morir y ya muy enfermo, inauguró una Escuela para señoritas, el 1 de mayo de 1838, con la convicción de que «debían incorporarse como un factor de reforma social». La incorporación de la mujer a la educación fue un elemento esencial en el siglo diecinueve en lo que atañe a los derechos ciudadanos.
Es interesante, además, observar que las mujeres en la Santa Fe de esa época cumplieron un rol político muy importante. Prueba de ello es el papel de Gregoria Pérez de Denis que ofertó todos sus bienes desde el Arroyo Feliciano hasta el puesto de Las Estacas en Entre Ríos, a la campaña emancipadora cuando Manuel Belgrano pasó por la capital provincial rumbo al Paraguay en octubre de 1810. Esa actitud mereció esta respuesta de puño y letra de Manuel Belgrano: «Usted ha conmovido todos los sentimientos de ternura y gratitud de mi corazón, al manifestarme los suyos tan llenos de patriotismo. La Junta colocará a usted en el catálogo de los beneméritos de la Patria, para ejemplo de los poderosos que la miran con frialdad». Las elocuentes palabras del creador de la Bandera nos eximen de mayores comentarios.
Otra participación notable, fue en 1818, cuando ante el peligro de saqueo y destrucción de la ciudad de Santa Fe, un grupo de ciudadanas salió a enfrentar a Juan Ramón Balcarce haciéndolo desistir de sus pérfidas intenciones, demostrando el valor de las santafesinas ante los despóticos poderes que querían doblegar a nuestra comarca y volver a hacerla una dependencia del poder porteño.
La plena conciencia cívica de las mujeres está retratada con claridad en una carta fechada el 20 de febrero de 1818, reproducida por Guillermo Furlong en su libro «La Cultura Femenina en la Época Colonial», donde una dama de sociedad llamada Mercedes le escribe a Javiera, que se encontraba en Chile: «López trata de agarrar a nuestro García, para verificarlo, lo ha mandado llamar, diciéndole que tiene que comunicarle cosas que le interesan. Éste no piensa, empero que se le hace necesario abandonar este punto hasta que llegue Ramírez y, por esto, es que no puedo quedarme. García tiene más partido que López en esta campaña y está unido a Ramírez completamente. Él cuenta con igual partido en Santa Fe, y cree que, antes de un mes, tendrá al Ramírez en Buenos Aires con dos mil hombres y catorce buques de guerra». Esta epístola, notable por su clarividencia, está escrita dos años antes de la victorial federal en Cepeda.
Todo esto sin olvidar a las mujeres que a través de la historia, con su trabajo cotidiano han sido el pilar de las sociedades, como bien resalta la economista Silvia Federici en su libro «Revolución en Punto Cero». Sin el sustrato material y espiritual que han dado desde el origen de la humanidad, la existencia humana hubiese sido imposible, algo que se le escapó al mismísimo Carlos Marx como bien resalta la investigadora antes citada.
Es muy difícil analizar el pasado desde la sensibilidad del presente. Extrapolar nuestros valores a un mundo ya fenecido resulta una tarea inane. Sin embargo, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el papel de la mujer en la Santa Fe de principios del siglo diecinueve fue relevante. Y eso nos debe llenar de orgullo.
Dos historiadoras vinculadas a Estanislao López: Lina Beck-Bernard y Catalina Pistone
Lina Beck-Bernard, nacida en Alsacia en el año de 1824, escritora en lengua francesa y autora del libro «Cinco años en la Confederación Argentina (1857-1862)», fue una mujer pionera que vino a aportar a la construcción de nuestra sociedad con la certeza de nuestro destino de grandeza. Con su compañero Charles, fomentaron la colonización agraria y el proceso inmigratorio, fundando la Colonia de San Carlos, que a pesar de los primeros tropiezos, que le costaron la bancarrota a los Beck Bernard, marcó un hito en el Litoral argentino.
Arribó con su marido a la ciudad de Santa Fe en 1857, viviendo cinco años en la provincia. Lamentablemente, la pérdida de dos de sus hijos y otros problemas conexos, hicieron que esta gran escritora abandonara nuestro país. Sin embargo, su simpatía por nuestra querida patria prosiguió toda su vida. Tanto es así que no solo publicó su libro sobre la experiencia de la Confederación, sino que también escribió en 1872, tres novelas de ambiente santafesino, bajo el título de «Fleurs des Pampas». Juan Jorge Gshwind, en su libro «La obra literaria y social de Lina Beck-Bernard», nos da una valorable cantidad de información sobre la vida de esta notable narradora.
Intelectual de acendrada cultura, amiga de Sainte- Beuve, poeta y reformadora preocupada por la situación de los esclavos y el lugar de las mujeres en la sociedad moderna, merece un lugar estimable en la historia de la provincia de Santa Fe. Graciela Margall y Gilda Manso en el volumen segundo de su «Historia Argentina contada por Mujeres», le asignan un papel eminente como observadora de los acontecimientos nacionales luego de la Batalla de Caseros.
El libro «Cinco años en la Confederación Argentina (1857-1862)», relata el periplo de la autora desde su salida de Southampton, el 9 de enero de 1857, su arribo a las costas del Brasil, y finalmente su llegada a la Capital del Plata para recalar en la ciudad de Santa Fe. Su estilo narrativo lo podemos valorar en esta descripción que hace de nuestros ríos: «El río es inmenso, un verdadero mar, majestuoso, infinito, no se ven las orillas por ningún lado. Hacia la derecha, una isla, Martín García, levanta sus cantiles de rocas con algunas casitas y un fuerte. El río tiene allí, dicen veinticinco leguas de ancho. Algo más al norte de Martín García, el Paraná se abre formando Islas en cuatro brazos o bocas: el Paraná Guazú, el Miní, el de las Palmas y el Paraná grande. En tramos en el Guazú pero el viento cesa de pronto y nos vemos obligados a detener la marcha».
Está grávida la obra de agudas observaciones como su mirada de la esclavitud, donde compara la condición de los negros en el Río de la Plata diferenciándola de la monstruosa situación que padecían los oprimidos afincados en el Brasil y en América del Norte. Expresa: «En este asunto de la esclavitud, las repúblicas hispano-americanas se han mostrado grandes, desinteresadas. Han condenado a muchas de sus familias a la escasez y a la indigencia misma. El sacrificio ha sido grande. Sería menester haber contemplado como nosotros las ruinas y las víctimas, para hacerse una idea de lo que costó la realización del alto y noble ideal de la manumisión. Y estos países no se han echado atrás, ni han vacilado un momento para llevarlo hasta el fin». Hermosa reflexión que aquilata la grandeza de nuestros ancestros en un país acostumbrado a la autoflagelación.
Sobre los santafesinos, manifiesta: «Los hombres, de cualquier rango social, son extremadamente corteses con las señoras. Desde el gaucho del campo que nos vende la leña, y parado en su carreta de bueyes me dice: ’A sus pies señora…’, hasta el gobernador de la provincia, en todos notamos la misma cortesía de modales y lenguaje», y de las santafesinas, expresa: «Con pocas excepciones las mujeres son reinas y señoras en el interior de sus casas y en verdad no ejercen un gobierno muy constitucional. Esto hacía decir a un genovés casado con una argentina: ’De este país podría decirse lo que Maquiavelo escribió de una ciudad republicana de Italia: Es el paraíso de las mujeres, el purgatorio de los hombres, el infierno de los animales’ ”.
A Estanislao López, el gran caudillo santafesino, le dedica estas elocuentes palabras: «El General López era un carácter de temple antiguo, sumamente bravo, de acendrada probidad, y había obtenido, por la sola práctica de esas severas virtudes, un gran ascendiente sobre sus comprovincianos».
Esta gran escritora fue una admiradora del Federalismo del Río de la Plata, que plasmó en un excelente trabajo su experiencia en estos lares. El título original de su importante libro es: «Le Rio Parana, Cinq années de séjour dans la République Argentine», que su traductor, José Luis Busaniche, ha preferido titular «Cinco años en la Confederación Argentina (1857-1862)», por ajustarse más a la realidad de los tiempos confederados. Lina Beck-Bernard, feminista de vanguardia, murió en Lausana, el 27 de septiembre de 1888.
Catalina Pistone, fue la primera mujer que abordó la historia de manera profesional, a partir de su trabajo en el Archivo Histórico de la Provincia de Santa Fe, adonde la llevó una circunstancia fortuita. Era docente cuando, en 1953, un accidente la obligó a optar por un cargo pasivo, este lo obtuvo en ese organismo y allí descubrió la pasión por investigar y escribir. Estas producciones le generaron los méritos para formar parte de la Junta Provincial de Estudios Históricos a partir de 1974.

Catalina nació en Santa Fe, hija de inmigrantes, cursó el secundario en la Escuela Normal Nacional «General San Martín» de esta ciudad de la que egresó como Maestra. Al ocupar el cargo técnico en el Archivo comenzó a reunir información para sus posteriores trabajos. En 1978 fue Becada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España y cursó en la Escuela Documentalista de Madrid la tecnicatura sobre Organización Administrativa de Archivos, obteniendo el título de Técnica Archivera. Desde septiembre de 1978 pasó a ocupar la Dirección General del Organismo. Se jubiló en 1992. Falleció en Santa Fe el 10 de mayo de 2000.
Abordó la educación en Santa Fe, cuestiones vinculadas a la labor del gobernador Estanislao López y las mujeres en la cultura inaugurando así los estudios de género en la provincia. Es de destacar su trabajo «Orientación Educacional en la política de Estanislao López».
Ana María Cecchini de Dallo nos sigue diciendo: «Catalina integró en calidad de miembro correspondiente la Asociación Venezolana de Archivos (1974), la Junta de Historia Eclesiástica Argentina (1975) y la ex Junta de Estudios Históricos de la Provincia de Entre Ríos (1976). También fue integrante del Consejo Asesor de Redacción de la ‘Revista Universidad’ de la Universidad Nacional del Litoral (1981), la Sociedad Argentina de Historiadores y el Centro de Estudios Hispanoamericanos, en este caso como miembro de número (1988)”.
En 1975 fue la primera mujer en ingresar como miembro de número de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe, donde ocupó la secretaría y la presidencia, cargo en el cual fue electa en 1992, continuando con dos períodos más, si bien el último quedó trunco en el año 2000 por su fallecimiento. En 1992, justamente, había ingresado en carácter de miembro correspondiente por Santa Fe en la Academia Nacional de Historia.
La figura de Estanislao López está inextricablemente ligada a las luchas por los derechos de las mujeres en la Invencible Provincia de Santa Fe. Este 8 de Marzo, desde el Ministerio de Cultura, queremos recordar sus inmarcesibles aportes en este sentido.
