Crónica 22/06/2026

Siete años haciendo comunidad: el Alero Las Flores festejó un nuevo aniversario

Inaugurado en 2019, el espacio dependiente del Ministerio de Cultura se sostiene como un punto de encuentro donde el juego, la economía social y lo humano se anudan. El sábado 20, de 15 a 18, la celebración reunió a vecinos, vecinas y familias.

Hace siete años que el Alero de barrio Las Flores, en la capital santafesina, crea lazo, refugio y encuentro. El sábado 20 de junio, entre las 15 y las 18 h, celebró su aniversario con una fiesta abierta al barrio, intervenciones colectivas, un espectáculo de teatro, música y circo, feria de emprendedores y el calor de la comunidad que abraza al espacio desde siempre.

Desde 2019 las vecinas y vecinos del norte de la ciudad de Santa Fe cuentan con un enclave propio del ministerio de Cultura de la Provincia. El Alero es ese lugar en el que el juego, la economía social, y lo humano se anudan. En lo simbólico, pero también en lo concreto. Desde aquel entonces el espacio cultural, emplazado en el cruce de las calles Azopardo y Millán Medina de la capital provincial, forma parte de la red de instituciones que sostienen el tejido del noroeste santafesino y su gente.

Este sábado 20 de junio se celebraron siete años desde que aquella idea de multiplicar la chispa encendida desde la apertura del Tríptico de la Imaginación. Y la comunidad volvió a abrazar al Alero, «su» Alero. 

Una de las vecinas presentes en el festejo fue Rosana, de Los Ángeles, un barrio cercano a Las Flores, y una de las asiduas más «viejas» del espacio cultural junto con su nieto, Federico, según ella misma contó entre risas durante el festejo del fin de semana. «Mi nieto a los tres años empezó con «su Alero», cuando se inauguró. Ahora tiene 10 años. Voy a ser la más vieja», contó. 

Como otras vecinas y vecinos, Rosana tejió familia, comunidad y encuentro con el Alero a lo largo de estos años. Allí se sumó como abuela, pero también como feriante, actividad de la que ahora se encuentra en una pausa y como amiga. «Es fundamental el Alero acá, más en el barrio, por cómo se está viviendo. Porque el tema del colectivo y viajar no se puede, entonces es más cerca acá. Mi nieto se divierte mucho, la pasa lindo. Lo más hermoso es que también es plaza, y espacios verdes no hay tantos como antes. La verdad que es lo mejor para los chicos, para que no anden tanto en la calle», señaló la vecina.

Y en efecto los Aleros nacieron con esa misión que devela Rosana, acercar la propuesta cultural del Gobierno de la Provincia a todos los rincones de un territorio tan amplio, diverso e imponentemente vivo como el nuestro.

Rosana, y los amigos de Las Flores, tienen algunos superpoderes. Pueden nombrar a todos y cada uno de los trabajadores que han pasado por el Alero. Y no se conocen simplemente por una formalidad ni por un intercambio protocolar esporádico. Hay un encuentro sostenido, un interés genuino.

Pero esos superpoderes no se limitan a los adultos y adultas que transitan por el Alero. Los niños y las niñas recuerdan a los residentes de las ediciones 2025 y 2024, los extrañan, vuelven a buscarlos para jugar. Esos son los lazos invisibles que teje el espacio público.

«Simplemente gracias totales. Por el apoyo. Me encontré mucho compañerismo acá. Son todos muy amables. Encontré una amistad sincera, que es muy difícil en estos tiempos. Son como curitas para el corazón, para seguir piloteándola, para no bajar los brazos nunca», remarcó Rosana entre pausas, de esas que dan la impresión de bucear en la memoria.

El sábado por la tarde el escenario no podía ser mejor: la brisa suave y el sol acompañaron toda la jornada. Los colgantes bailaban en colores como en una sincronía, mientras las voces de las niñas y niños hacían música de fondo. Uno de esos niños corriendo y riendo fue Federico, el nieto de Rosana, que aseguró: «Lo que más me gusta del Alero es jugar y disfrutar con mis amigos». Disfrute es una palabra que no se escucha mucho en estos tiempos. Pero tomamos apunte.

Si la cultura tiene un objetivo y un desafío es éste: garantizar el derecho de las niñeces al disfrute, a la belleza, a bienes culturales de calidad y sentido, a torcer las profecías autocumplidas del fracaso y la exclusión.

La idiosincrasia de los Aleros era llevar las propuestas de los grandes espacios del Ministerio de Cultura por fuera de los bulevares y avenidas, para el acceso de todos y de todas. Pero eso implicaba necesariamente reconocer que había una sola clave para que eso funcionara. Abrazar las lógicas que imprimiera cada territorio a estos espacios.

Una de las vecinas que lo entendió rápido fue Andrea, emprendedora de la feria del Alero desde hace tres años. Vecina de Las Flores de toda la vida, y tejedora desde los 8 años, lo dejó claro: «Esta es la primera vez que hay una oportunidad así, sociocultural, un espacio para los artesanos, para la gente del barrio, para la gente de la zona norte». 

«Deseo que siga creciendo, que tengamos nuestro espacio también para la comunidad del barrio, para la familia. Es un espacio muy muy lindo porque la gente viene, se entretiene con los espectáculos que nos brinda el Ministerio de Cultura, con todos los chicos que nos acompañan y que siempre están al lado nuestro», agregó.

En el mismo sentido, Mabel, otra de las emprendedoras del Alero, que forma parte de las ferias desde que inauguró remarcó: «Para nosotros fue muy importante porque en el caso de los artesanos estamos siempre acá acompañando, fue algo que nos abrió puertas como para venir a mostrar nuestros productos, nuestras artesanías, nuestro trabajo».

El Alero significó oportunidades en muchos sentidos. Tejió lazos. Algunos encuentros impensados, necesarios, sostenidos. Memorias, alrededor del equipo humano, el espacio público, el espacio verde, la plaza del Alero, el playón deportivo que forma parte del complejo también. Fueron siete años de hacer florecer cosas increíbles. Siete años de misión cumplida.

Durante el festejo hubo una dinámica de intervención colectiva que posiblemente resumió buena parte de esta historia: muchas manos unidas en un propósito. Las y los asistentes siguiendo consignas delineadas por una coordinadora iban interviniendo con pintura una enorme alfombra que terminó por lucir un sinfín de flores.

Al final del proceso no estaba claro quién había pintado qué. Si fue un trabajador, un funcionario o un vecino. Frente al papel y al pincel no había diferencias. Luego se disfrutó de la puesta en escena de «Esdrújula», un espectáculo de música en vivo y circo para toda la familia de la Compañía Binomio Fantástico.

Los aplausos a los artistas abrieron paso al momento cúlmine de la tarde, cuando la luz anaranjada del sol tiñó una ronda que le cantó el feliz cumpleaños al Alero y a todos los cumpleañeros de junio, una de esas cosas que solo son posibles en las familias grandes como la de Las Flores.

Con sendos bonetes para la ocasión, distribuidos por los residentes de Las Flores, y algunos ayudantes del Alero Coronel Dorrego, se repartieron magdalenas intervenidas con glasé de los mismos colores de la alfombra de flores. No quedó del todo claro si fue casualidad, magia o el servicio público atento a esos detalles mínimos y a la vez totales.