Noticia 28/03/2026

Todo lo que puede decir un elefante dormido

La intervención “Un elefante ocupa mucho espacio”, proyecto seleccionado en la convocatoria provincial Visuales Santafesinas 2025, inauguró en la Sala de las Miradas de Plataforma Lavardén, proponiendo una reflexión sobre la memoria, la censura y la potencia del arte.

Un elefante ocupa, efectivamente, mucho espacio. Para comprobarlo físicamente alcanza con ingresar a la vasta Sala de las Miradas de Plataforma Lavardén: allí descansa, enorme, sereno, dormido, el elefante construido especialmente para la ocasión por Joaquines, Sulkian y Ghen. El trío de artistas llevó adelante la intervención que, luego de resultar seleccionada en la muestra Visuales Santafesinas del Ministerio de Cultura, desde el pasado jueves 26 de marzo puede visitarse en la planta baja del edificio provincial de Mendoza 1085, en Rosario.

«Un elefante ocupa mucho espacio» es, por supuesto, el título del libro de Elsa Bornemann censurado en 1977 por la última dictadura cívico militar, que entendió que la obra tenía «una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo». Así lo asentaron en el decreto 3155 que prohibió, también, «El Nacimiento, los Niños y el Amor» de Agnés Rosenstieh. A 50 años del Golpe de Estado, la intervención artística de Joaquín Gómez Hernández (Joaquines), Julián Sileiko (Sulkian) y Ghen Novillo (del atelier textil Killa) rinde honor a la obra de Bornemann para plantear nuevas líneas de reflexión en torno al accionar represivo y la censura, pero también hacia aquello que, aún frente a las propias narices, parece no ser visto. Así lo destacaron en el dossier de obra, que resultó ganador de Visuales Santafesinas: «Tiene el tamaño exacto de lo que preferimos callar. Inflado para no ser visto, encarna lo que este país hace todas las veces: entrar a una época y mirar hacia otro lado, incluso viendo».

Presentes en la apertura oficial (que contó con la participación de la ministra de Cultura Susana Rueda y del secretario de Integración Cultural Guillermo Lasala, entre otras autoridades), el trío creador pudo evidenciar el impacto real de su trabajo. «Después de la inauguración fuimos a comer con mi familia y todos quedamos con una sensación similar de emoción. Quedé muy emocionado sobre todo por el poder simbólico de la obra y del cuento, y la ternura que tiene, más allá de lo doloroso del significado también. Y la relación que tiene con el momento histórico que estamos pasando”, admite Sulkian, que amplía: “Quedé contento, también, porque sentía que de alguna forma ese mensaje llegaba con la obra. Quedó resonando el momento bastante cariñoso que hubo en la exposición, los abrazos, los niños jugando contentos con el elefante, mi padre diciéndome ‘qué lindo que es’ y todos como en esa sensación general de cariño para tratar temas importantes. Al público le gustó mucho, se agarraban el pecho, con gestos corporales también de cariño».

Para el joven diseñador gráfico y artista digital, la posibilidad de exponer la obra en un espacio público, con acceso gratuito, resulta sustancial: «Estoy totalmente de acuerdo con que no solo el saber, sino la cultura y el conocimiento se puedan transmitir desde ese lugar. También trabajo en la Facultad pública, donde potenciamos también esa idea: que nadie quede afuera. Y para mí es muy importante que eso sea así, para no generar diferencias sociales o culturales y que dé la posibilidad de que cada uno piense o sienta lo que tenga que sentir».

Ghen Novillo, del atelier textil Killa, comparte el sentimiento de alegría post inauguración: «El después fue felicidad pura. Siento mucho orgullo de haber inaugurado nuestra primera escultura textil de gran tamaño. Ver que las personas se acercaban al elefante para abrazarlo fue conmovedor. La lectura del cuento en la inauguración fue emotiva e hizo que tenga mucho más sentido el haber construido esta locura». 

Luego de tres semanas de trabajo in situ, del ensamble y costura de 190 moldes, el elefante reposa ahora, con su silencio elocuente, en la Sala de las Miradas, hecho que también es distinguido por Ghen, que concluye: “Para mí es súper importante que sea en un lugar libre, gratuito y público. Tener acceso a la cultura y ser parte de ella es una forma de pertenencia a la historia del país, a la historia de la ciudad, y que resignifique el encuentro”.