Lucía Laumann vive en Buenos Aires, pero es de San Francisco, Córdoba. Su abuelo paterno vivía en Paraná, Entre Ríos. En su infancia pasaba por Santa Fe cuando iba a visitar a su abuelo y muchos domingos a la tarde recorrían la ciudad capital de la provincia. Sin embargo, recién conoció personalmente el Museo Provincial de Bellas Artes «Rosa Galisteo de Rodríguez» cuando fue premiada en el 7º Certamen Hugo Padeletti. Estímulo a la investigación en el Campo de las Artes en 2024. Este miércoles 18 de marzo, a las 19, en el Museo (4 de Enero 1552, Santa Fe) se realizará la presentación pública y registro audiovisual del informe de la investigación de Lucía: «Desde El Rosa: contribuciones a la gráfica nacional en clave de género».
Laumann es Doctora en Historia y magíster en Historia del Arte Argentino y Latinoamericano (EIDAES-UNSAM). Licenciada en Pintura y profesora superior de Educación en Artes Plásticas (UNC). Becaria posdoctoral en el Centro de Investigaciones en Arte y Patrimonio (EAyP, UNSAM-CONICET). Allí co-coordina el Área de estudio de Arte, Género y Diversidades. Es autora del libro «Aída Carballo, maestra».
– ¿Cómo fue que elegiste aplicar al Certamen Padeletti del Rosa Galisteo?
– El certamen del Rosa es un certamen conocido a nivel nacional. Yo no vivo en Santa Fe y tiene una proyección nacional entre investigadores y becarios, que era mi situación en ese momento, era becaria doctoral en UNSAM (Universidad Nacional de San Martín, Bs. As.). Pero además, Georgina Gluzman, que fue la ganadora de la primera edición de Padeletti, fue docente mía, y después de hacer su investigación me dijo que era un espacio muy ameno y que iba a tener mucho para investigar. Ella incentivó mucho ese primer acercamiento. Yo me presenté al certamen tres veces y recién la tercera me salió la beca.
– En esas tres ocasiones, ¿el proyecto presentado fue el mismo, vinculado a los grabados de artistas mujeres?
– Siempre vinculado a los grabados porque en mi proyecto de investigación doctoral, que ya finalizó, era sobre el proceso de feminización de la disciplina acá en Buenos Aires. Era un proyecto centrado y anclado fuertemente en las instituciones de formación y de exhibición en Buenos Aires, y en ese sentido me interesaron siempre los grabados y las mujeres. Pero pasaron los años, el proyecto iba mutando en función de lo que yo iba estudiando y sabiendo sobre la institución (El Rosa) y las artistas que participaban allí. El proyecto fue creciendo.

– ¿Por qué la elección del grabado, una disciplina considerada menor o devaluada dentro de las disciplinas artísticas?
– Lo elegí porque es una disciplina que me interesa particularmente, que me convoca a estudiar. Como egresada de la escuela de artes, siempre el grabado como disciplina me llamó la atención. Por otro lado, como objeto de estudio desde la perspectiva de género es un campo que no había sido explorado todavía y eso me resultaba más que interesante. Y, también, porque es una disciplina que históricamente fue considerada menor y parte de mis hipótesis de trabajo tienen que ver con que ese espacio marginal fue un espacio prolífico para la presentación de mujeres.
– ¿Qué encontraste en El Rosa durante tu investigación?
– Me encontré con estampas maravillosas de mujeres artistas que, si bien a alguna ya la venía rastreando desde Buenos Aires, no había podido ver esas estampas en particular en vivo y en directo. Y también me encontré con un museo que le dio un lugar muy importante a la disciplina, sobre todo entre las década del `20, `30, `40 y principios del `50, que es el período que me interesó estudiar.
– En esas tres décadas y media pasó de todo en el mundo, la Segunda Guerra Mundial como el ejemplo más contundente, ¿encontraste huellas de esa guerra o de otros sucesos de relevancia y trascendencia en los grabados que estudiaste?
– Claro que sí. De hecho, la primera adquisición que hace el Museo para la colección de estampas fue de la grabadora alemana Käthe Kollwitz (de quien el Museo hizo una exposición muy importante el año pasado); y con esa adquisición que dio inicio a la colección del Rosa, inició también mi proyecto de investigación. Las estampas de ella dan claramente cuenta de la guerra, no sólo de la primera y la segunda guerra mundial, sino de los conflictos bélicos en general. La serie de estampas que posee el museo dan cuenta de una guerra muy particular que fue la guerra de los campesinos, que fue previa al tiempo de Käthe Kollwitz, pero que de alguna manera se pueden pensar como representación de los conflictos bélicos.
– ¿Sigue vigente la técnica del grabado en los artistas contemporáneos?
– Sí, por supuesto. Cuando una va a los salones, el grabado tiene una fuerte presencia. Justamente el año pasado fui jurado de la sección de grabado del Museo Sívori y hubo mucha presentación de grabadores con obras muy interesantes. Es una disciplina vigente desde la cual muchos artistas exploran y producen; es una disciplina que por sus condiciones de ejemplares múltiples también permite que se dinamicen muchos mensajes.

– El miércoles 18 de marzo vas a presentar en el Museo el informe de tu investigación «Desde El Rosa: contribuciones a la gráfica nacional en clave de género», adelantanos un poquito sobre el trabajo.
– El proceso de trabajo fue de un poquito más de un año, comencé en enero 2025 y ahora estoy presentando el informe. Por suerte fue un poco más de un año, porque fue una investigación muy exhaustiva que llevó mucho tiempo. El miércoles voy a intentar contar una historia sobre el Museo y las participaciones de las mujeres artistas vinculadas al grabado, una historia que quizás no es tan conocida; y también se van a encontrar con obras y nombres de los que no hemos hablado tanto. Mi investigación es un recorte que va hasta 1953, y ese recorte no es representativo de la cantidad de estampas que posee el Museo, que son muchas más. En ese sentido, yo trabajé con un corpus de 21 estampas, que no significa que sean 21 artistas. Por ejemplo, (Ana María) Moncalvo tiene mucha más representación a lo largo de la historia del Museo, y yo trabajé sólo con tres estampas que forman un tríptico; o Käthe Kollwitz, con siete estampas de una misma serie.
– ¿Cómo fue trabajar en el Rosa Galisteo, un museo de más de 100 años, con más de dos mil obras en su acervo, un edificio de grandes dimensiones?
– La metodología de trabajo no fue instalarme en Santa Fe, sí viajé en más de una oportunidad durante la investigación. No conocía físicamente el Museo, sí su trayectoria y trascendencia, pero no lo conocía personalmente, y a partir de Padeletti tuve esa oportunidad. El Rosa tiene una historia maravillosa y única en el país, tengo entendido que es el único museo del país que tiene un edificio construido y pensado exclusivamente como museo. Y a su vez, en esta investigación, rastreando fuentes bibliográficas, aprendí que durante mucho año tiempo, muchos años, el Museo tuvo constantes refacciones, una atención por parte del Estado y de los gestores que han estado a cargo, de ampliarlo y mantenerlo, algo que se sostiene. De hecho el Museo actualmente está en refacciones, lo cual lo hace muy particular porque es una posibilidad que no todos los museos del país tienen. De hecho, el Museo Nacional del Grabado, por ejemplo, no tiene sede propia. Y además es un museo muy especial porque lleva el nombre de una mujer y eso es muy particular para nuestra historia. Quiero destacar y hacer público mi agradecimiento a los trabajadores del Museo, que me recibieron muy cálidamente y recibieron mis consultas de la mejor manera; y también quiero agradecer a la Escuela Provincial de Artes Visuales Mantovani que también me recibió el año pasado. Y además quiero agradecer a los santafesinos por sostener este espacio de investigación que también hace muy particular al Museo. No hay otro museo en el país que esté brindando este tipo de becas o de incentivos a la investigación donde lo necesitamos; eso es algo muy importante para resaltar.

– Por último, saliendo del grabado en particular y el arte en general, la coyuntura nos lleva casi inevitablemente al tema de las inteligencias artificiales. ¿Por qué es válido seguir enseñando historia del arte hoy por hoy cuando las inteligencias artificiales lo han invadido todo y «resuelven» todo?
– Lo de las IA es un fenómeno multicausal, pero yo pienso que la inteligencia artificial no puede producir objetos sensibles ni de pensamiento crítico. En ese sentido, la producción de los artistas es irreemplazable por la mirada sensible y crítica del mundo. Pero también la mirada de historiadores e historiadoras en cuanto a producir un pensamiento crítico sobre aquello que sucedió, ¿no? La IA podrá resumir textos, sacar cálculos matemáticos, leer un libro y responder preguntas, pero no va a producir pensamiento crítico, y ese es el aporte que tenemos que hacer los seres humanos.
Crédito de fotos: Gentileza Lucía Laumann
