Entrevista 04/03/2026

«Hacer la obra en Rosario me parece hermoso, muy familiar. Más en un lugar tan emblemático como Lavardén»

Margarita Páez, hija de Fito y Romina Ricci, llegará al Teatro provincial de Sarmiento y Mendoza con «Un ritual de paso», obra que se presentará el domingo 8, a las 19 h, con dirección de Marcos Zoppi y Ana Kowalczuk.

Margarita era todavía una niña pequeña cuando, allá por 2006, su madre (la actriz Romina Ricci) y su padre (el músico y entonces cineasta Fito Páez) habitaban el Teatro de Lavardén como espacio de gestación y ensayos de la película «¿De quién es el portaligas?». Ahora, la histórica sala provincial de Sarmiento y Mendoza, en Rosario, recibirá a Margarita en otro rol: como parte del elenco de la obra «Un ritual de paso», la joven actriz tendrá su debut escénico en la ciudad.

Escrita y protagonizada por Ana Kowalczuk (quien además asume la dirección junto a Marcos Zoppi), «Un ritual de paso» tendrá una única función el domingo 8 de marzo, a las 19. Y permitirá, a través del humor, sentar postura en torno a uno de los grandes tópicos de estos tiempos: la inteligencia artificial, aplicada aquí a la creación artística. Vinculada familiarmente con el arte y la creación, Margarita Páez tiene su mirada sobre el tema: «La obra me llevó a pensar en todo esto que estamos viviendo con la tecnología, con los avances tecnológicos que están fuera de nuestro control. Hoy hay mucha gente que habla con la IA, que espera algo de ella, pero la obra demuestra claramente que la IA no puede darte nada, se piensa que puede darte contención, ayuda, pero es ridículo. Ana escribió esta obra para de alguna manera sanar un hecho traumático de su vida, pero no la sanó la IA: la sanó la obra, el teatro».

Después de trabajar con Kowalczuk en «Al borde del mundo» (presentada en el Cultural San Martín de Buenos Aires), Páez se sumó al proyecto de «Un ritual de paso» para aportar también aspectos creativos. «Ana ya venía trabajando con la obra, nos convocó a Balthazar y a mí y ahí arrancamos con este experimento, porque ni Ana sabía qué estábamos buscando».

En esencia, la obra parte de una combinación de ficción y realidad: una directora de teatro (la propia Kowalczuk) pide asistencia a la inteligencia artificial (interpretada en escena por Lala Rossi) para darle forma a una nueva obra, con la que busca narrar un hecho traumático de su adolescencia. La experiencia da lugar a situaciones inesperadas, que deben ser interpretadas por Páez y Murillo: «Nosotros recreamos las escenas que escribe la IA, que son escenas imposibles de actuar. De alguna manera nos burlamos de eso: la IA nunca va a llegar a pensar como un humano. La obra trata un poco de eso. Y las escenas que actuamos con Balthazar fueron, efectivamente, escritas por la IA».

En esa tensión entre inteligencia artificial, creación y realidad aparece el teatro, que sigue ofreciéndose como un refugio puro y analógico frente a la artificialidad, permitiendo el encuentro entre artistas y públicos sin más mediaciones que las de la propia emoción. Para Margarita Páez, la posibilidad de vivir esas sensación por primera vez en Rosario (la ciudad natal de su padre) representa todo un suceso: «El hecho de hacer la obra en Rosario me parece hermoso, muy familiar. Más en un lugar tan emblemático como Lavardén».